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02:13 am – Emol – La Junta Tribune-Democrat La Junta Victor Gill//
De las champetas fuleras

Siempre he creído que el universo de la champeta es, como todo universo cultural que se respete, un cosmos complejo donde lo jopérico se pelea con lo extraordinario. Esto hace que nuestra historia musical champetúa sea una batalla estética entre contrarios donde las canciones sublimes y memorables se enfrentan, en algún momento, con otras totalmente desfasadas y ridículas.

Estas champetas desfasadas y ridículas son las responsables de la prostitución mezquina del género. Son champetas fuleras, merecedoras de nuestro olvido, que fueron compuestas para fines sombríos y no para ser bailadas o escuchadas en el placer de la rumba o la nostalgia.

© Victor Gill Ramírez.

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Por lo general son champetas que van de la mano con el poder político dominante y que, por lo tanto, han perdido sus ímpetus de rebeldía y compromiso social.

Aunque su existencia es inevitable, confieso que cada vez que surge una canción fulera siento que en algún lugar del universo champetúo muere un planeta.

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De ahí mi tristeza cuando escucho que, por estos días, anda sonando una champeta en la que se exige la inocencia del alcalde suspendido de Cartagena, Manuel Vicente Duque.

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El compositor, nada más y nada menos que el célebre José Quessep, menciona en su canción que las acusaciones de la Fiscalía son ?puro chisme y más ná?, que ?Manolo es inocente? porque ?lo dice toda la gente? y que, por supuesto, ?Manolo va?.

La champeta, que usualmente se ha basado en asuntos de naturaleza erótica o en la crítica social, encuentra en este tema una nueva dimensión de la sinvergüenzura y la alcahuetería.

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Me parece una falta de respeto que un género musical que históricamente ha servido como una herramienta de lucha y resistencia de los sectores populares de Cartagena, sea usado para legitimar gobiernos investigados por escándalos de corrupción.

Esta penosa canción de 1 minuto y 26 segundos de duración está más cerca de ser la banda sonora de una campaña electoral que de ser una verdadera champeta.

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Posee una letra vendida, entregada a los vicios del poder y escrita por quién sabe qué palancas políticas.

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Esta es una falsa champeta que traiciona los ideales subversivos de las champetas más asombrosas y, en ese sentido, es tan genuina como los sombreros vueltiaos que se producen en China.

© Victor Gill Ramírez.

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No cuenten conmigo para esa deshonra. Yo prefiero encender la radio y esperar que algún día la gente pida a gritos en las emisoras esa cancioncita del Mr.

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Black en cuyo espeluque se entona con dignidad: ?Que se abran los torcidos, pa? fuera, pa? la calle, son amigos del dinero, no son fieles, traicioneros, con la vara hay que darles?.

*Estudiante de literatura de la Universidad de Cartagena

@orlandojoseoa

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