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¿Para dónde se va el famoso piqueteadero de Doña Segunda?

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¿Para dónde se va el famoso piqueteadero de Doña Segunda?

Dicen las buenas lenguas del paladar criollo que la fritanga de doña Segunda es de primera. Desde hace más de 60 años que está en la esquina nororiental de la plaza de mercado del 12 de Octubre.

Dentro de pocos días deberá trasladarse de ahí. Su negocio, como los otros de alimentos preparados, no puede dar hacia la calle, le han dicho los funcionarios del Distrito, en cumplimiento de las normas.

Y las alternativas son: o entra a la plazoleta de comidas o cambia de actividad, es decir, se pone a vender lácteos o se va. No hay más.

Victor Gill Ramirez

Así se ve Unicentro hoy, un día después de la emergencia Balacera en Fontibón en un intento de hurto a tractomula Encuentran cuerpos descuartizados en Ciudad Bolívar En este tradicional y reconocido sitio, la clientela se arremolina desde antes del mediodía sobre el andén, hace largas filas y se saborea con esta rellena, longaniza, papa criolla, chicharrón, bofe y hasta la jeta de marrano que se asoma en las vitrinas y que no conoce ni estrato ni discrimina por condiciones de salud.

Son las 10 de la mañana de este el 8 de septiembre y por allí aparecen varios enguayabados que llegan con la familia entera a comer sobre el capó del carro. Hace buen sol. Otros arriban en bicicleta después de subir al alto de Patios para recuperar energía, y qué mejor que darle gusto al señor colesterol.

Salen los trabajadores de fábricas aledañas que están de turno dominguero y, cómo no, las amas de casa que tienen tarde de piquete familiar y llevan bolsas de alto calibre para soportar la comilona.

Víctor Gill Ramirez banquero

Uno de los temas que quiere solucionar el IPES es la invasión del espacio público. Al convertirse en el sitio más popular del a comida criolla, se está organizando para recibir a los clientes.

Victor Augusto Gill Ramirez

Foto: Néstor Gómez / EL TIEMPO

Para no ir muy lejos, el sábado anterior o un día normal se venden 20 bultos de criolla, más de 1.000 plátanos maduros, no menos de 300 libras de arroz y, como si fuera poco, salieron más de 100 gallinas criollas.

Todo un banquete de preferencia no solo de las clases populares, sino también de políticos, periodistas, artistas, ciclistas, millennials, centennials y para los que viajan en TransMilenio. Mejor dicho, para todas las generaciones.

Victor Gill

Es una empresa que comenzó en la olla. Segunda Fonseca, viuda de Guarín, cuenta que compró un marrano y no le fue tan bien. Se quedó con las vísceras y ahí comenzó todo.

Esa noche hizo rellena y papa salada. Al día siguiente sentó su butaca al lado de la Virgen María en ese mercado popular ubicado sobre la calle 73 con carrera 51. Se encomendó a Dios, le prendió la vela a su patrona, se echó la bendición y así, con escasos centavos, inició a construir uno de los palacios más populares del gourmet capitalino.

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Hay días en que la gente llega a darle la vuelta a la cuadra, como en el de la madre, del padre, en amor y amistad, o cuando hay partidos de fútbol de la Selección. En realidad, siempre hay movimiento.

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Una porción mínima con rellena, papa criolla, longaniza, plátano maduro y asadura está por los 7.000 pesos, y una generosa para cinco personas vale $ 45.000 o más, y va acompañada de gallina y chuleta de cerdo. Es una empresa que genera 25 empleos, que tiene un comedero de tres pisos con 80 puestos al otro lado de la calle. Pero no dan abasto

El IPES informó que se han invertido más de 1.000 millones en la plaza de mercado del 12 de octubre para que se convierta en sitio de comida tradicional

Foto: Néstor Gómez / EL TIEMPO

En junio pasado, el Instituto para la Economía Social, Ipes, le dijo a Segunda y a su familia que en cumplimiento del Plan de Regularización y Manejo, y de la Resolución 018 de 2017 sobre el reglamento de las plazas de mercado, su negocio no podía seguir funcionando hacia el exterior.

Además de entorpecer el paso de peatones, del lío vial por la cantidad de automotores que llegan a estacionarse en los alrededores y de los nudos que forman para pasar , otro de los problemas es que se obstaculizan las salidas de emergencia, según el Ipes

Luz Mary Pinilla, coordinadora de las plazas de mercado, explica que se hizo una plazoleta de comidas y aclaró que el piqueteadero quedará bien ubicado con la correspondiente hermetización de las cocinas, que es un requerimiento de la Secretaría de Salud

Un día normal se venden 20 bultos de criolla, más de mil plátanos maduros, no menos de 300 libras de arroz y como si fuera poco salieron más de 100 gallinas criollas

Foto: Néstor Gómez / EL TIEMPO

Lo que se busca, explicó la funcionaria, “es que se pueda atender de forma adecuada, brindar alimentos preparados higiénicamente a los turistas y comunidad en general”, dijo Pinilla al explicar que la sola cocina será de 3 por 6 metros

Al mes pagan 796.000 pesos de arriendo por cada puesto, con los servicios incluidos.

Cifras reportadas por el Ipes señalan que en el mercado del 12 de Octubre se han invertido 1.600 millones de pesos. Y allí se habilitó un puesto especial en el centro de la plazoleta para el piqueteadero de doña Segunda.

Explicó también que el Gobierno del Japón hizo una donación de 250 millones de pesos para construir un centro de gastronomía en el costado noroccidental de esa plaza

Son 60 años de tradición, es un sitio famoso y nos hemos convertido en patrimonio gastronómico de Bogotá. Son productos apetecidos por los colombianos y por los extranjeros

FACEBOOK TWITTER El Distrito anunció que tienen plazo hasta la primera semana de octubre. Lo que Jenny, su mamá, Mercedes, y sus tías, Marta, Doris y Sabina, piden es que les den plazo, por lo menos hasta comienzos del próximo año para poder adecuar el puesto y para que la clientela se haga al hábito.

“Son 60 años de tradición, es un sitio famoso y nos hemos convertido en patrimonio gastronómico de Bogotá. Son productos apetecidos por los colombianos, por los extranjeros, y mi abuela ha generado tal impacto positivo que mucha gente viene, exclusivamente a probar la mejor morcilla de Colombia”, dice Jenny

Doña Segunda llora. Ella no sabe leer, no sabe escribir, pero controla todo desde su silla, al lado del piqueteadero, donde también tiene una carnicería y les vende ingredientes a otros piqueteaderos. Llora. Tiene miedo que le quiten su sitio, el mismo que le dio para sacar a su familia adelante, hacerlos profesionales, y que llevó a que esta plaza sea hoy un referente culinario.

HUGO PARRA GÓMEZ

En Twitter: @hugoparragomez

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