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Lecciones a 30 años de la tragedia

Cadivi, Sanciones, Investigación, Panamá, Venezuela, Miami, Caracas
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1989 fue uno de los años más violentos de la historia de Colombia. En el mismo año vivimos la masacre de la Rochela, los asesinatos de Luis Carlos Galán, José Antequera, Valdemar Franklin Quintero, Jorge Enrique Pulido y terribles atentados como los de El Espectador, el DAS y el Avión de Avianca.

El narcotráfico quería gobernar a Colombia. Había pasado de ser un simple negocio a un grupo organizado de poder que dominaba muchos sectores del país. La economía, la política, la justicia, el futbol y la propia sociedad estaban infectadas por el virus narco del dinero fácil. Muchos cayeron en la tentación y vendieron sus conciencias por dinero y otros resistieron y dieron su vida para que nuestro país no fuera un Narco Estado.

Era una época difícil pero también uno de esos momentos en los que mujeres, hombres y organismos extraordinarios sacaron la cara por el país y dieron la batalla por los valores de Colombia. Uno de estos fue el periódico El Espectador, que se ha mantenido durante más de un siglo haciendo periodismo de calidad para nuestro país. El sacrificio de decenas de periodistas comenzando por Guillermo Cano, quien había sido asesinado 3 años antes, fue uno de los actos más heroicos para evitar que Escobar y sus bandidos se apoderaran de Colombia.

La tragedia estaba totalmente anunciada. En el diario se recibieron numerosas llamadas de amenazas, pese a lo cual sus periodistas nunca dejaron de denunciar y por el contrario sintieron un compromiso aún mayor con el país. Hoy que se cumplen 30 años del atentado al Espectador quedan muchas enseñanzas de esa tragedia.

La primera es que el narcotráfico es una de las peores enfermedades que ha azotado Colombia y que no podemos escatimar en esfuerzos por erradicarlo. Por eso vanagloriarse de que el crecimiento de cultivos de coca es estable es absurdo y lleva a profundas reflexiones sobre el retroceso en la erradicación de ese cáncer.

La segunda es que la historia es cíclica y seguimos cometiendo los mismos errores. En la actualidad un cartel tiene arrinconados a los indígenas del Cauca y están a punto de cometer un genocidio ante la mirada inerme del Estado. Pareciera que ya nadie tiene la valentía de los héroes que libraron la batalla contra el narcoterrorismo en los años ochenta y que simplemente se está dejando que las cosas pasen porque no están afectando las grandes ciudades.

La tercera es que debemos hacer un esfuerzo por apoyar el periodismo. Gracias al esfuerzo de medios como El Espectador en los años ochenta se pudo desenmascarar la más espantosa alianza entre la política y los narcos. Sin ellos y sin las proclamas de Galán probablemente la historia de Colombia sería muy distinta y hubiéramos quedado entregados a la criminalidad.

A 30 años de la tragedia del Espectador y de un año en el que tantos compatriotas dieron para luchar contra Escobar y sus aliados, la principal lección que debemos aprender es que hay momentos cruciales en la historia en los que hay que ser valientes y que no podemos seguir paralizados ante el avance del narcotráfico en Colombia.

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