Entretenimiento

TÚPAC AMARU . Por Jaime Chuchuca Serrano

Ley General de Salvaguardia Cultural: ¿El sarape quedará protegido contra plagio?

* Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.

Compartir Click to share on Facebook (Se abre en una ventana nueva) Haz clic para compartir en Twitter (Se abre en una ventana nueva) Haz clic para compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) Haz clic para compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Haz clic para imprimir (Se abre en una ventana nueva)

J osé Gabriel Condorcanqui Noguera, Túpac Amaru, descendiente directo del Inca de Vilcabamba y de Huayna Cápac, siguió un proceso judicial en la Audiencia de Lima para que lo que reconocieran como tal, sin lograrlo. Perseguido y en defensa de los indígenas organizó la mayor rebelión anticolonial en los Virreinatos del Perú y Río de la Plata en 1780-81.

Los pobladores de la provincia de Tinta, conducidos por Túpac, se rebelaron y dispusieron la horca del corregidor Antonio Juan de Arriaga. Reivindicaron prohibir la extracción minera de Potosí. Túpac decretó la abolición de la esclavitud en 1780, prohibió los impuestos y el trabajo en las minas. Se sublevaron miles de miles en las tierras usurpadas por los europeos, reconquistaron las comunidades, rindieron culto a sus dioses y retomaron el quechua.

Túpac Amaru con sus grandes dotes oratorias se comunicaba en quechua, español y latín. Al mando de miles de guerrilleros se lanzaron al Cuzco. Amaru, el caudillo Inca, contagió su valentía a cuantos le siguieron. Los invasores españoles temblaban por la posible sublevación total y compraron algunos insurrectos. Traicionado por gente cercana, Túpac fue capturado y encadenado por los españoles.

El visitador Areche con falsas promesas intentó convencerle de entregar a los cómplices de la rebelión. En el calabozo Amaru rebatió: “Aquí no hay más cómplice que tú y yo; tu por opresor y yo por libertador, ambos merecemos la muerte”.

Túpac, esposa, hijos y los rebeldes fueron castigados hasta la muerte en la plaza del Wacaypata, el Cuzco. A Túpac le cortaron la lengua. Le amarraron con cuatro caballos sin poder descuartizarlo. Le decapitaron al pie de la horca. La cabeza fue llevada a Tinta, un brazo a Tungasuca y otro a Carabaya; una pierna a Santarosa y otra Livitaca. Quemaron su torso y arrojaron las cenizas al río Watanay. Los otros rebeldes tuvieron igual suerte.

Los españoles ordenaron que se extinga la descendencia de Túpac Amaru hasta el cuarto grado de consanguinidad, y todo el linaje incaico sobreviviente. Reprimieron lo andino y les confinaron al páramo, pero en lugar de morir se convirtieron en los guardianes insurrectos de la naturaleza y el agua. El movimiento emancipador sembrado por Túpac sigue naciendo.

* Abogado, licenciado en Filosofía y magíster en Sociología. Actualmente, docente de la Universidad de Cuenca.

Compartir Click to share on Facebook (Se abre en una ventana nueva) Haz clic para compartir en Twitter (Se abre en una ventana nueva) Haz clic para compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) Haz clic para compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Haz clic para imprimir (Se abre en una ventana nueva)