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Cuba: las protestas y los tontos útiles, por Jorge G. Castañeda*

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Cuba: las protestas y los tontos útiles, por Jorge G. Castañeda*” data-hashtags=””> Culpar al bloqueo de la espantosa situación que padece la población cubana es pura demagogia. Si mañana la Virgen de Guadalupe levantara el bloqueo, Cuba seguiría igual: la isla es un páramo económico completo  

@JorgeGCastaneda

Me surgen dos ocurrencias sobre las inéditas protestas en Cuba contra el gobierno de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel. Una se refiere a lo que sería el punto de no retorno para el régimen: punto aún lejano, incluso si las protestas siguen y se extienden. Otra versa sobre los castrófilos en México y en el resto de América Latina, a propósito del llamado bloqueo

Cuba: las protestas y los tontos útiles, por Jorge G. Castañeda*” data-hashtags=””> Culpar al bloqueo de la espantosa situación que padece la población cubana es pura demagogia. Si mañana la Virgen de Guadalupe levantara el bloqueo, Cuba seguiría igual: la isla es un páramo económico completo  

@JorgeGCastaneda

Me surgen dos ocurrencias sobre las inéditas protestas en Cuba contra el gobierno de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel. Una se refiere a lo que sería el punto de no retorno para el régimen: punto aún lejano, incluso si las protestas siguen y se extienden. Otra versa sobre los castrófilos en México y en el resto de América Latina, a propósito del llamado bloqueo.

La dictadura cubana cuenta en principio con varios círculos concéntricos de represión o de control de multitudes. El primero, el más eficaz y que se ha utilizado con mayor frecuencia a lo largo de los últimos veinte años, ha sido el de los contramanifestantes, o grupos civiles entrenados, no armados, que llegan donde hay manifestantes, los encapsulan sin un exceso de violencia, desplazándolos hacia centros de detención. Son el instrumento empleado contra las Damas de blanco todos estos años, y el primer recurso utilizado el día de ayer. Son parte de las fuerzas del Estado, pero en el límite con la sociedad misma: entre ellos hay gente que no se considera represora ni policía.

Luego vienen las llamadas brigadas de despliegue rápido. Estas, ya profesionalizadas, suelen intervenir cuando la situación se complica: siguen vestidos de civil, pero van armados con bastones largos (como las Halcones); se trata de personas entrenadas, fornidas, de nuevo sin duda convencidas, pero ya parte del aparato represor del Estado. Se distinguen de la policía por el uniforme, por las armas, por la especificidad de sus tareas. La policía —tercer círculo—, ubicada en La Habana, se arremolina ante cualquier reunión contestataria, pero no se dedica exclusivamente a eso. Todos estos cuerpos son temidos por los disidentes y manifestantes; no son benignos ni mansos, pero no hay registro de que dispararan contra manifestantes desde el maleconazo de agosto de 1994 para acá. Todas estas capas existen con un solo propósito: poder evitar el uso del ejército.