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Investigadores describen dos primeros casos confirmados de canibalismo en aves

Uno de los autores del artículo es el investigador Dr. Lucas Krüger, que trabaja para el Programa de Áreas Marinas Protegidas del Instituto Antártico Chileno (INACH). Como parte de esta iniciativa estuvo monitoreando depredadores topes como petreles gigantes, escúas, cormoranes y otros animales

Se trata de dos especímenes adultos de petreles que se alimentaron de dos crías de la misma especie, un comportamiento que no había sido documentado antes en una publicación científica. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Dos casos de canibalismo, ambos realizados por ejemplares adultos hacia crías vivas de petreles gigantes antárticos ( Macronectes giganteus ) fueron  descritos por un grupo de investigadores en un artículo publicado en la revista científica Polar Biology. Dichos hallazgos fueron realizados en enero de 2020 en punta Armonía, Isla Nelson, en la Antártica marítima, un punto importante para la reproducción de estas aves marinas que escogen mesetas y áreas cercanas a la costa.

Los petreles gigantes son aves marinas del orden de los Procellariiformes que pueden llegar a los dos metros de envergadura y pesar entre cuatro a seis kilogramos. Habitan desde zonas templadas del sur de Chile y Argentina hasta la costa de Antártica. Se alimentan de peces, crustáceos, calamares, otras aves marinas y fecas de otros animales. Esta investigación confirma dos casos de canibalismo intergeneracional para la cría de petrel en la Antártica; además aborda hipótesis que pudieran explicar este comportamiento.

Uno de los autores del artículo es el investigador Dr. Lucas Krüger, que trabaja para el Programa de Áreas Marinas Protegidas del Instituto Antártico Chileno (INACH). Como parte de esta iniciativa estuvo monitoreando depredadores topes como petreles gigantes, escúas, cormoranes y otros animales.

Él recuerda que en 2019-2020 durante la LVI Expedición Científica Antártica (ECA 56) del INACH, le tocó recolectar datos de rastreo de los petreles junto con el monitoreo del éxito reproductivo de cada pareja rastreada, por lo que se observaba constantemente las colonias para verificar el cambio de la pareja en el nido desde el área del campamento, situado a 150 metros de donde estaban las aves.

“Esto nos permitió observar este comportamiento; en las dos veces que lo registramos estábamos lejos del área, así que no ocurrió por nuestra interferencia. Solo después de ocurrido nos aproximamos para tener mejores registros. Sabíamos que no había ninguna confirmación de este comportamiento para la especie (y probablemente para ninguna de la orden de los Procellariiformes) por lo que decidimos hacer una publicación científica”, dijo.

¿El canibalismo es un comportamiento recurrente en esta especie? Primero que todo, es importante explicar que “el canibalismo ocurre en muchos grupos animales y su ocurrencia no solo depende de rasgos de la propia especie, sino también del ambiente y a veces de los propios individuos”, afirma Krüger. Pone de ejemplo que en algunas especies de gaviotas y escúas, un pequeño porcentaje de individuos puede especializarse en el canibalismo y alimentarse de pichones de su misma especie, lo que se debería a falta de alimento o por un riesgo ambiental que amenace su supervivencia.

Pero aquí es muy probable que se trate de un comportamiento oportunista o un rasgo individual, “ya que estos dos animales no se alimentaron de sus propios pichones; esta población la monitoreamos por períodos de dos meses en 2018-2019 y 2019-2020, así que tenemos una buena idea de los animales que están en cada nido, y el área no tenía falta de alimento aparente (la zona cuenta con una población de cerca de 90.000 pingüinos). Con la información que tenemos, no es posible decir la razón del comportamiento”, explicó.

Los polluelos atacados por estos petreles no eran sus propias crías, sino que se trató de animales de la misma especie, pero aún así no se descarta la posibilidad de que bajo ciertas condiciones pudieran consumir a sus propios polluelos. “No obstante, hasta el momento no existe evidencia científica que avale que los petreles hagan eso”, añade.

Sobre si este comportamiento pudiese repetirse en otras especies de petreles afirma que: “Esperaría que pudiera ser más raro en otras especies, ya que los petreles gigantes son más carnívoros que las que se alimentan de peces, calamares y crustáceos. Las demás especies, en su mayoría, hacen sus nidos en cuevas en el suelo o en zonas de suelo inclinado, así que este rasgo de los petreles gigantes de nidificar en la superficie puede facilitar que ocurra canibalismo”.

La importancia de los monitoreos continuos Este estudio evidencia la importancia de realizar monitoreos continuos durante diferentes períodos del ciclo reproductivo de las colonias para que se registren con mayor detalle algunos comportamientos comunes pero de los que no se tiene conocimiento, esta vez no solo de los petreles, sino también de otras especies. En este sentido, el Programa de Áreas Marinas Protegidas de INACH comenzará a monitorear con cámaras trampa en las colonias y cámaras miniaturizadas que permitirán observar nuevos comportamientos y cuantificarlos.

La utilización de cámaras trampa facilita la recopilación de datos, maximizando y estandarizando el muestreo y reduce la interferencia sobre los animales. “Así se puede tener una muestra de lo que pasa en el área reproductiva en un intervalo determinado, e incluso se puede mantener a lo largo del tiempo para registrar fechas de llegada y salida de las aves a las áreas de reproducción, comportamiento de selección de nidos, reconocimiento de pareja, selección de nuevas parejas, entre otros”, afirma el Dr. Krüger.

En tanto, el uso de cámaras en miniatura asociadas a datos de rastreo por GPS, permite registrar la amplia gama de comportamientos de los animales cuando están fuera de la colonia reproductiva, “ya que los animales llevan un pequeño dispositivo de rastreo con una cámara acoplada. Podremos saber en qué tipo de hábitat buscan su alimento, de qué especies se alimentan y cómo las capturan”, explica. Comenzaron con los pingüinos y el objetivo para las próximas campañas será obtener datos de los petreles gigantes: “Es decir, utilizaremos a las aves como monitores de la Antártica con estos dispositivos y en pocos días se pueden cubrir miles de kilómetros, prácticamente toda la extensión de la península Antártica”, concluye.