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Belafonte, el amigo, en su cumpleaños 95

En esos mismos años, más que por sus películas, penetró en el imaginario musical de los cubanos de la época la canción Mathilda , tema que se remonta al menos a la década de 1930, cuando el pionero del calypso, el trinitario King Radio (realmente llamado Norman Span) lanzó la canción. Belafonte la grabó por primera vez en 1953 y se convirtió en un éxito inmediato, reforzado por su inclusión en su segundo disco de larga duración con la rca Victor, en 1955

Cuando el 23 de julio de 2020 Harry Belafonte tuvo en sus manos la medalla de la Amistad, otorgada por el Estado cubano, seguramente editó en su memoria, como en las buenas películas, secuencias inolvidables de los tantísimos momentos de su vida en que compartió suerte, convicciones y destino con los habitantes del archipiélago.

Ese día, el entonces embajador de La Habana en Washington, José R. Cabañas, expresó: «Esta distinción constituye un reconocimiento a su trayectoria de solidaridad con Cuba y su respeto y admiración por el proceso revolucionario cubano».

En el cumpleaños 95 del actor, músico y activista social estadounidense –nació el 1ro. de marzo de 1927 en Nueva York–, Belafonte sigue siendo una fuente de inspiración para muchos de sus compatriotas y los que desde aquí valoramos al artista excepcional, al extraordinario ser humano, al entrañable amigo.

Un nombre no puede faltar en la consolidación de un vínculo tan especial: Fidel Castro. El líder histórico de la Revolución y el actor y cantante, compañero de lucha de Martin Luther King Jr., cultivaron una relación muy cercana, desde que Belafonte reencontró a Cuba en 1979, para no perder en lo adelante, mientras la salud se lo permitió, la ruta hacia La Habana.

Harry conoció la ciudad en los años 50, no sin antes cruzar palabras y vivencias con no pocos cubanos que residían en Nueva York, y sentir afinidad hacia las músicas del país vecino, sobre todo después de escuchar a Chano Pozo con la banda de Dizzy Gillespie.

En esos mismos años, más que por sus películas, penetró en el imaginario musical de los cubanos de la época la canción Mathilda , tema que se remonta al menos a la década de 1930, cuando el pionero del calypso, el trinitario King Radio (realmente llamado Norman Span) lanzó la canción. Belafonte la grabó por primera vez en 1953 y se convirtió en un éxito inmediato, reforzado por su inclusión en su segundo disco de larga duración con la rca Victor, en 1955.

En sus memorias, My song, publicadas en 2011, aún inéditas en Cuba en su versión al español, contó: «Cuando me convertí en artista y comencé a tener cierta celebridad iba a Cuba con bastante regularidad, antes del 59. Fui allí con Sammy Davis Jr., y para escuchar a Nat King Cole, y para pasar el rato con Frank Sinatra; el lugar donde más nos juntábamos era el Hotel Nacional. Todo el mundo estaba actuando allí, excepto yo. Cuando llegaron a mí –y yo tenía un contrato de trabajo, cuando el Hotel Habana Riviera abrió por primera vez– estaba casado en un matrimonio interracial como se llamaba en esos días y de repente me convertí en persona non grata , en Cuba, en todos los lugares».

Justo por esos días filmó la película de Robert Rossen, La isla del sol , en la que interpretó a un líder sindical negro de un ficticio territorio antillano que vivía una historia de amor con una joven blanca de la alta burguesía (Joan Fontaine). El filme generó controversias al estrenarse en Estados Unidos a mediados de 1957, por lo que las élites racistas consideraban una irresponsable transgresión. Tras el triunfo de enero de 1959, Fidel, que además de lector insaciable fue un cinéfilo en la medida en que lo permitían sus responsabilidades políticas y gubernamentales, vio la película y le habló de ella a Belafonte, delante de su esposa Julie y del amigo y colega Sydney Poitier. Para ambos, Fidel y Harry, el racismo y la discriminación por el color de la piel eran manifestaciones sociales y culturales inadmisibles y aberrantes.

Al respecto, observó en sus memorias: «Muchos exiliados cubanos dicen que en Cuba no había racismo antes de la Revolución, que Cuba nunca fue racista, nunca como Estados Unidos. Creo que Cuba, entre todas las islas del Caribe, todas con prácticas racistas, fue la más racista (…). Entonces, cuando fui a Cuba después de la Revolución, lo primero que noté fue la mezcla de personas, particularmente entre los jóvenes, todavía había residuos de las viejas costumbres, pero ciertamente entre los jóvenes, cuando fui a la Universidad. y cuando iba a los lugares de la cultura, cuando iba a las guarderías, donde quiera que iba en Cuba entre los jóvenes, me impactaba profundamente la plenitud de la integración racial. (…) No estoy sugiriendo que en Cuba no haya algo de racismo, pero es importante saber que no es una práctica oficial del Estado, ni está institucionalizado».

Precisamente los factores objetivos y subjetivos que favorecían la reproducción de actitudes racistas y discriminatorias en la vida cubana y la lucha por su erradicación como parte irrenunciable del proyecto revolucionario cubano, ocupó más de una vez el diálogo entre Fidel y Belafonte. Al amigo estadounidense han llegado noticias de la implementación en los dos últimos años del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, plataforma de trabajo de obvia inspiración fidelista.

Una contribución inestimable de Harry Belafonte al desmontaje de prejuicios tuvo que ver con la vindicación de la cultura hip- hop, y particularmente el rap, en la escena cubana. En uno de sus viajes a fines del siglo pasado encontró a raperos negros que le informaron cómo se les hacía difícil el reconocimiento de las instituciones culturales, por lo que ofrecían su arte en la escena underground .

Años después, entrevistado por la activista estadounidense Sandra Levinson, confesó: «Te cuento algo que me ha impresionado mucho: viví la cultura hip-hop de los raperos cubanos. (…) Me sorprendió cuántos eran y cuán desinformada estaba la jerarquía en los círculos culturales cubanos de toda la cultura de la música hip-hop . Después de conocer a los artistas de hip-hop en La Habana, me reuní con Abel Prieto en un almuerzo que ofreció Fidel Castro, y nos pusimos a hablar de la cultura hip-hop. Cuando regresé a La Habana un par de años después, la gente de la comunidad hip-hop vino a verme y pasamos un rato. Me agradecieron efusivamente y dije, ¿por qué?, y respondieron, porque tu conversación con Fidel y el Ministro de Cultura sobre el hip-hop llevó a que haya una agencia especial dentro del Ministerio. (…) Lo que creo importante es cuán abierto fue el liderazgo a este fenómeno llamado hip-hop , mientras que en los Estados Unidos hacemos mucho para demonizar la cultura, y ni siquiera tenemos un Ministerio de Cultura».

Como testimonio de su inquebrantable solidaridad y sentido de la justicia, vale evocar las palabras con las que introdujo el mitin efectuado en la neoyorquina Iglesia de la Reconciliación, el 27 de septiembre de 2003. Ese día pidió por los Cinco Héroes antiterroristas cubanos sometidos a largas condenas en ee. uu. También afirmó: «Lo que sucede con nuestra política contra Cuba no es el estilo estadounidense, no es la verdadera voz del pueblo estadounidense, no es la verdadera voz de los que creemos profunda, profundamente, en los derechos de todos los pueblos, y la libertad de todas las personas y en democracia. (…) Hay mucho sobre el Gobierno cubano, el pueblo cubano y lo que han logrado, que muchos de nosotros aquí todavía estamos intentando conseguir».

¿Por qué su apoyo al pueblo cubano? «No lo veo como un esfuerzo supremo –ha dicho–, es una forma de vida: si crees en la libertad, si crees en la justicia, si crees en la democracia, si crees en los derechos de las personas, si crees en la armonía de toda la humanidad».

A Fidel lo tiene presente como lo reflejó Estela Bravo: «Fidel es Fidel. Único para su tiempo, su presencia en el mundo mejoró la vida de millones de personas».