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Andy Murray y el dolor

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Todo comenzó después de Roland Garros. Andy Murray, aún número uno del mundo, perdió en semifinales de ese torneo ante el suizo Stan Wawrinka y la cadera, esa que ha sido operada este martes en Londres, comenzó a torturarle. El escocés, que había completado un fantástico 2016, llevaba un 2016 gris endulzado únicamente con el título en Dubai. Atropellado por la sorpresa de Mischa Zverev en Australia y vapuleado en la gira de arcilla hasta Roland Garros, Murray se encontraba agotado física y mentalmente después de tocar el techo en 2016. Las alarmas sobre su estado se despertaron cuando cayó ante el australiano Jordan Thompson en la primera ronda de Queen’s, escenario en el que había levantado el trofeo en cinco ocasiones, y más aún cuando no pudo competir en la exhibición londinense de Hurlingham, previa a Wimbledon y más aún El de Dunblane se negó a bajarse de ese Grand Slam y acudió al All England Club para defender su corona. Un cuadro amable le catapultó a cuartos de final, donde el estadounidense Sam Querrey dio buena cuenta de él y le apartó del torneo y, a posteriori, del resto de la temporada. Pero esto no se supo hasta tiempo después. El escocés no acudió a los Masters 1.000 de Cincinnati y Canadá, en el que cedió el número uno ante el español Rafael Nadal, y poco antes del comienzo del US Open anunció su baja, dejando claro que la temporada estaba ya prácticamente perdida. Empezó entonces a hablar abiertamente del dolor en la cadera, ese que no le permite competir al máximo nivel. Acabada la campaña, Murray pone el punto de mira en el torneo de Brisbane, pero una vez más decide no competir. Esta vez ya no habría vuelta atrás y transcurridos escasos días de enero anunció que se había sometido a una cirugía en la cadera y que estaría varios meses fuera hasta completar su rehabilitación. La vuelta se complicó y, pese a que la federación de tenis del Reino Unido creó varios Challengers para su retorno en mayo sobre pista dura, la superficie más amable para sus desplazamientos, el escocés atrasó el regreso hasta la temporada de pasto. Fue en Queen’s, cuando un aclamadísimo Andy Murray saltó a la pista, 342 días después, para enfrentarse contra su amigo Nick Kyrgios en la primera ronda del torneo londinense. Una pareja batalla a tres sets marcó su primera derrota del año, pero dio esperanzas sobre una recuperación completa. Por aquel entonces, su ránking se alejaba ya del 150 del mundo. Varios partidos después y tras tener que renunciar a Wimbledon y a los cuartos de final de Washington, vuelve a ganar en Grand Slam, ante el australiano James Duckworth, pero el español Fernando Verdasco le apea en segunda ronda del US Open y en cuartos de final del ATP 250 de Shenzhen, poniendo punto y final al 2018. Con el objetivo de preparar mejor la temporada 2019, el escocés toma semanas y semanas de entrenamiento que terminan con una dramática rueda de prensa en la previa del Abierto de Australia, en la que anunció su retirada este mismo año, soñando con una despedida en Wimbledon. La épica derrota en cinco sets ante Roberto Bautista en primera ronda en Melbourne Park le dejaron roto, pero esperanzado y alentado por sus propios compañeros para continuar luchando por ello. La operación de cadera en Londres y la prótesis de metal en ella, quizás no le permitan, a sus 31 años, volver al máximo nivel, pero puede que sí le deje vivir en paz y sin dolor; algo que después de todos estos meses, Murray se merece.

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