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Revolución cognitiva y capitalismo responsable

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Carmelo Urdaneta

Un capitalismo responsable, que corte con el modelo obsoleto surgido de la revolución industrial, basado no solo en el logro y la competencia sino en lo colectivo y sostenible. Así define lo que denomina “un necesario cambio de modelo mental” el uruguayo Daniel Fernández Koprich, residente desde hace décadas en Chile, donde ocupó cargos ejecutivos en varias firmas públicas y privadas. Invitado por el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), estuvo en Montevideo y puso énfasis en “la revolución cognitiva”, por encima de las consideraciones que explican los actuales fenómenos exclusivamente a partir de la aplicación de tecnología. A continuación, un resumen de la entrevista

—Ante la transformación digital en que estamos inmersos, el primer paso parece ser tomar conciencia de dónde estamos..

—Mi percepción es que no existe suficiente conciencia de que no estamos ante la cuarta revolución mundial, sino ante algo mucho más profundo y más vasto y que va a cambiar la forma de relacionarnos los seres humanos y de emprender, muy radicalmente. Hasta el momento ha habido tres grandes revoluciones en la historia de la humanidad: la revolución agrícola, la revolución industrial, y ahora transitamos la revolución cognitiva. No tiene que ver tanto con los aparatos como con el conocimiento y la capacidad del ser humano de apoyarse en tecnologías como la inteligencia artificial y la conectividad, para crear nuevos espacios de desarrollo. Plataformas, aplicaciones, relaciones verticales, economía colaborativa, reflejan lo que estoy diciendo.

—¿La inclusión de tecnología no es la única disrupción a la que estamos enfrentados?

—Es exactamente eso. Junto con la evolución genética, antropológica del ser humano, existe también una evolución de cómo entendemos el mundo. En paralelo existe la evolución de la tecnología que nosotros hemos creado. Son las tres cosas combinadas. Por ese motivo es que me interesa hacer énfasis en qué cosas tienen que cambiar en nuestras cabezas para que aprovechemos bien estas tecnologías en el mundo de los negocios.

—¿Las empresas entienden realmente que demanda la sociedad hoy día, hasta dónde han ido asumiendo que su rol ha cambiado?

—Yo me he encontrado con compañías que dicen “¡yo ya digitalicé!”, como si se tratara de comprar los mejores equipos que existen para determinada función y echarlos a andar. Con eso no alcanza

Por ejemplo, puede ser que los taxistas sepan usar celulares y puedan cobrar los viajes con tarjeta de crédito, pero eso no es UBER. Se trata de otra cosa. Tampoco Airbnb es una digitalización de un número de lugares donde hospedarse, eso es Booking. Airbnb te provee de alojamiento a través de una plataforma.

Es muy diferente esa nueva concepción del negocio que ponerle tecnología para mejorar el servicio de lo que ya existe. Y ese cambio debe ser entendido. Pero creo que no tenemos la total conciencia del cambio que estamos viviendo y para dónde vamos. Algunas empresas entienden de qué se trata, no todas.

Estamos en una zona de transición evolutiva muy fuerte y es ahí donde aparecen las disrupciones de las que hablamos tanto. Y estas transiciones generan perdedores. Muchas compañías están ante negocios que comienzan a perder valor, al final de una curva de crecimiento que les debería estar alertando del cambio. Algunas empresas siguen adelante, agotan ese proceso y llega un momento que desaparecen. Otras apuntan a crear una segunda curva de crecimiento, explorando cuáles son sus opciones en el mercado y aprovechando los nuevos modelos de negocio que permiten las nuevas tecnologías.

Hay un proceso cultural que asumir, un gran desafío de la sociedad en general y en particular, en las propias empresas

—El quiebre deja compañías por el camino…

—¿Qué tienen en común empresas como Blockbuster, Sears, Compaq o Messenger? Que se liquidaron. ¿Por qué? Porque no fueron capaces de ver lo que tenían por delante para su negocio. No debe olvidarse que a Blockbuster le ofrecieron comprar Netflix en sus inicios y no le interesó. Esas empresas parten de un modelo mental “formato revolución industrial”, donde los negocios son lineales, incrementales, aumentan de valor por la vía de incorporar más activos y eso cambió en el mundo digital. Por tanto, a aquellos que siguen anclados en ese modelo mental, parados en base a un paradigma obsoleto, les pasa el elefante frente a su cara y no los ven. Es una cuestión fuertemente cultural.

—Usted habla de “evolución hacia una economía colaborativa”…

—Somos todos parte de una comunidad y nos debemos entre todos, es necesario colaborar entre todos para sacarle el mayor provecho. Es un modelo contrapuesto al de la competencia pura y dura. Aquel era un modelo basado en el logro, y este otro en vincular lo colectivo. Este nuevo modelo colaborativo y de redes se sustenta en esta nueva realidad, con una disrupción que la impulsan equipos de trabajo, con gente joven que se apoya en consumidores para poder levantar su negocio

Y en un estado aún más avanzado, se comienzan a fusionar partes de ambos modelos y se construye el manejo de la complejidad. O sea, hay un sentido económico detrás del negocio, sí, pero todos tenemos que salir ganando. Hay que progresar, pero también respetar el medio ambiente y las diferencias entre individuos, relación con la comunidad, la transparencia. Hasta el momento la mayoría de las empresas actúan en esos terrenos a modo de parche, movidos por la necesidad. Debemos ir hacia modelos que lo incorporen desde el vamos.

—No alcanza con ver el resultado económico a corto plazo, debe tomarse en cuenta la evolución sostenible para empresa y entorno…

—Hay empresas que lo ven. Amazon no tuvo rentabilidad ni dio dividendos a sus accionistas durante 20 años; Spotify o Tesla pierden plata hoy. Pero el mercado les da un valor enorme a esas empresas. ¿Cómo puede ser eso? Es la expectativa de un desarrollo futuro, a largo plazo, más allá de la acción de corto que no da buenos resultados

—Los cambios de la nueva economía dejan perdedores, por lo menos transitorios, con los que debe cargar la sociedad y los estados. ¿Cómo debe manejarse esa situación?

—Hace algunas décadas, nuestro modelo de políticas se basaba fuertemente en ideologías; a partir de estas había partidos políticos que adscribían a esas ideologías, y nosotros, los ciudadanos, a través de los partidos, comprábamos esas propuestas ideológicas. Las políticas públicas se aplicaban de acuerdo a esa ideología, ya sea con una visión socialista, o una capitalista. Y luego venía la tecnología como una herramienta más para desarrollarse, en el marco de las políticas ya establecidas. Hoy es exactamente al revés; surge la tecnología, hay “adoptadores” de esa tecnología, que cuando se masifica permite modelos de negocio que la gente crea, otros lo utilizan y luego vienen las políticas públicas como ambulancia a recoger los heridos. Es inviable pensar en echar a UBER, por ejemplo. Lo que le queda a las políticas es aggionar al Estado, aceptar estas irrupciones y regular

Uno de los cambios más fuertes es el impacto en el empleo, donde nuevos formatos de trabajo ganan terreno. Y es ahí donde se hace necesario regular. Porque estos nuevos modelos de trabajo ligados a plataformas tecnológicas han abusado un poco y se hace necesario establecer pautas que se cumplan. No se trata de un Estado ausente que deje hacer a todos lo que les plazca, y tampoco una intervención que prohíba y prohíba. Insisto en que la alternativa es regular. Y para eso necesitamos políticos más conectados con la tecnología y el futuro, que entiendan de qué se trata

—Habló de las ideologías en pasado. ¿Considera que su efecto hoy es irrelevante ?

—Siguen estando, pero mucho más matizadas. Las posturas más radicales de izquierda. Y también hay derechas que cambiaron, tanto así que asumen posturas corporativas defendiendo a determinados sectores. Todo parece menos cargado. Por un lado las libertades, por otro la igualdad y la solidaridad, se me ocurre que se cruza bastante hoy en política. Los desafíos de hoy serían “transversales” en relación a esos

—¿Y cómo definiría al “nuevo modelo”?

—Un capitalismo más responsable. El viejo modelo, llevado al “juego de la silla”, nos decía: hay individuos más capaces unos que otros, serán los que se queden con la silla, y los otros, perderán. No hay sillas para todos. Hoy debemos plantearnos un modelo diferente. Sentémonos todos en el suelo y veamos cómo conseguimos sillas para todos; y si no se puede, juguemos a otra cosa donde no dejemos a algunos parados. No podemos sentarnos unos y mirar a los otros con pena; debe revisarse el modelo, por allí debe ir el cambio. Es un cambio de paradigma muy fuerte que el mundo empresarial debe comprender.