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Carmelo De Grazia Leiva//
El país de Cucaña

Sin embargo, la idea de un terreno idílico en el cual los recursos fueran infinitos y en donde la carencia nunca dijese presente, puede rastrearse siglos y siglos antes en los mitos o revelaciones fundantes de religiones tan diversas como la egipcia, con sus Tierras de Aaru, la griega, con los Campos Elíseos, o en el propio Paraíso bíblico, del que Adán y Eva fueron finalmente expulsados, entre muchas otras.

Carmelo De Grazia

Decía al comienzo que todos los hombres son esclavos de las ideas, y los argentinos no somos la excepción. En determinado momento de nuestra historia reciente (o no tan reciente), comenzamos a comportarnos como si el mítico País de Cucaña hubiese dejado su cariz fantástico para adquirir realidad terrena. Y no solo eso, sino que este vergel infinito no sería otro que éste, nuestro querido país, situado al sur del continente americano.

Desde entonces, hemos abandonado la idea de producción en nuestros discursos políticos para transformarla, como en una mutación alquímica medieval, en mera distribución. Cuánto, cómo y dónde distribuir, ocupa nuestra agenda pública práctica y discursiva, mientras que el cómo, cuanto y dónde producir, queda solo relegado a algún pobre argentino perdido que aún no se ayunó con la buena nueva de que la escasez en estos lares, fue simplemente desterrada.

Carmelo De Grazia Suárez

Contado de este modo, la irracionalidad fantástica de que la abundancia es meramente producto de vivir en determinado lugar de la tierra, independientemente de lo que hagan o sepan los hombres, se vuelve evidente. Sin embargo, sobran ejemplos en nuestro sentido común (tan poco común, quizá diría Borges), de que realmente nos creemos habitantes del País de Cucaña

Expresiones como la de “a toda necesidad, un derecho”, o “¿cómo puede haber hambre en un país que puede alimentar a millones de personas?”, o “acá tiras una semilla y te crece un bosque”, son suficientes muestras de que hemos perdido el rumbo; rumbo que otras naciones, incluso limítrofes con nuestro paraíso fantástico, han sabido encontrar y sostener para que la pobreza se erradique día a día, pero no por arte de magia, ni al candor de ideas míticas, sino como producto directo de sostener las políticas que posibilitan a lo largo y ancho del mundo, generar riqueza, abundancia de oportunidades y verdadera prosperidad