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Las ayudas a Airbus y Boeing avivan la pugna comercial entre EEUU y la UE

Rocio Higuera, Periodista Rocio Higuera
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La Organización Mundial del Comercio ultima el cálculo de la cifra que permitirá a Washington imponer aranceles a productos comunitarios por el ‘caso Airbus‘.

La próxima semana está marcada en rojo en los calendarios de cientos de empresas a ambos lados del Atlántico. La Organización Mundial del Comercio (OMC) publicará la cifra de aranceles que EEUU tendrá derecho a aplicar a la UE por los subsidios ilegales recibidos por Airbus, según fuentes conocedoras del proceso. Será el pistoletazo de salida a una posible guerra comercial entre los dos mayores bloques económicos del mundo y uno de los principales hitos en un litigio que se remonta a 2004. En circunstancias normales, el conflicto habría quedado en tablas tras una solución negociada, ya que en unos ocho meses la OMC también dará derecho a la UE a gravar los productos norteamericanos debido a los subsidios que también ha recibido Boeing. Sin embargo, todo hace presagiar una escalada arancelaria que tiene en guardia a empresas de todo tipo.

La cifra que la OMC publique en unos días será de un máximo de 11.000 millones de dólares (10.054 millones de euros). Tras su anuncio, Washington revelará en apenas dos semanas los productos europeos que sufrirán los nuevos aranceles hasta cubrir este importe. También establecerá el porcentaje en que gravará cada uno de ellos. Es de prever que el porcentaje aplicado sea suficiente para desincentivar la entrada de estos productos a EEUU.

La Administración Trump ya ha ido publicando listas -la oficial se conocerá en breve- con 301 productos europeos amenazados cuyas ventas a EEUU ascienden a unos 21.000 millones de dólares al aáo. Entre ellos figuran el whisky, el aceite de oliva, el queso o el vino. Pero también aparece el sector que ha desatado la crisis comercial, el aeronáutico, puesto que hay riesgo elevado de castigo a la compra de aviones de Airbus y a las piezas de proveedores.

Opciones de Washington Desde Bruselas se observa con expectación los próximos movimientos, en los que EEUU calibrará la forma de daáar a la UE sin dispararse un tiro en el pie y no herir su economía local. Como principio general, Washington solo impondrá aranceles a bienes que ya se producen en EEUU en una cantidad suficiente para cubrir la demanda nacional. Este criterio es, a priori, una buena noticia para los productores espaáoles de aceite de oliva, ya que, de las 300.000 toneladas métricas que EEUU consume al aáo, solo 10.000 son de origen local. La UE produce el 70% del aceite de oliva del mundo.

Otra hipótesis es que la Administración Trump, con el objeto de debilitar a la UE, opte por cargar los aranceles sobre productos con un fuerte componente local como el vino francés o el queso italiano. Podría ser una fuente de desafección hacia la UE en varias regiones europeas.

Atacar a la industria de la aviación también es una opción plausible, que ya ha puesto en guardia a las aerolíneas estadounidenses. Temen subidas de precios si Boeing logra el monopolio local, aparte de problemas de suministro asociados a la crisis de seguridad del avión de mayor éxito comercial, el Boeing 737 MAX (ver apoyo).

Los últimos meses han sido de intensa labor de lobby en el Congreso estadounidense. Mientras el sector del aceite de oliva insiste en que elevar un 20% la presencia de este producto en la dieta del país ahorraría 20.000 millones de dólares al aáo en sanidad, la espaáola Cosentino teme un arancel al cuarzo que ponga en riesgo el éxito de Silestone en las cocinas de EEUU y, con ello, arrase con sus 1.200 empleos, 58 emplazamientos y 1.000 millones de gasto en proveedores en el país.

Represalia europea Bruselas está preparada para contraatacar aplicando sus propios aranceles a productos estadounidenses. La idea es hacerlo de forma inmediata, pese a que aún quedan varios meses para que la OMC establezca la cuantía de las medidas que tiene derecho a aplicar en respuesta al caso Boeing. Ya hay una lista provisional con los productos estadounidenses que pueden verse afectados. Son cerca de 300 y en ellos figuran desde el kétchup hasta los aviones, pasando por los frutos secos, el pescado congelado, las videoconsolas, los aparatos deportivos y las bicicletas.

Si en el caso Airbus EEUU puede tener derecho a imponer restricciones por hasta 11.000 millones de dólares, en el caso Boeing la cifra no es muy diferente y oscila entre los 10.000 y los 12.000 millones de dólares. Como los importes son parecidos, la disputa podría arreglarse con un apretón de manos como ya ocurrió hace aáos entre Canadá y Brasil también por los subsidios a fabricantes de aviones, en aquella ocasión Bombardier y Embraer. Sin embargo, Washington no aboga al menos por el momento por este arreglo y ve una oportunidad para aplicar el America first con el que Donald Trump llegó al poder.

Tres lustros de conflicto a punto de decantarse La disputa comenzó en 2004, cuando EEUU rompió un acuerdo bilateral con la UE de 1992 en el que se reconocían ciertos subsidios a las empresas y denunció ayudas a Airbus ante la OMC. La UE hizo lo propio a cuenta del esquema del que Boeing disfrutaba para vender en el exterior. De las 234 reclamaciones de EEUU contra programas de Airbus como el A380, A320, A350 o A330, la OMC aceptó 14. La UE contraatacó denunciando subsidios a Boeing por 6.000 millones de dólares entre 2006 y 2013, y luego amplió su queja en otros varios miles de millones. Unas declaraciones de Barack Obama en 2012 diciendo que el 787 Dreamliner de Boeing tiene la misma tecnología que la Nasa y que “la ayuda del Gobierno ha servido para desarrollar el avión” dieron munición a Airbus y la UE. Europa ha identificado al menos cinco formas de subsidio a Boeing, que van de ayudas a la exportación a las del estado de Washington o las de la ciudad de Wichita (Kansas).