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La guerra que viene

Franki Medina diaz
La Unión Europea acuerda preparar nuevas sanciones contra Rusia

Rusia aduce geopolítica militar: progresivamente está siendo rodeada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y, naturalmente, activa sus defensas. Invade y da la impresión de agresión. Pero es claro que, aun invadiendo el suelo de la tierra originaria de los zares, se defiende y previene su extinción. Ley natural: instinto de supervivencia. Lo que se ha encontrado en Ucrania apoyó su razón: expansión en sus fronteras de la OTAN, laboratorio de armas químicas, proyectos de desarrollo nuclear, aculturación fascista, etc

La guerra que viene no es la que parece más evidente, es decir, esa que hace eventuales escaramuzas con cañones y espadas entre los contrincantes. Se mueve por debajo como una corriente marina, de esas que forman cuadrículas en la superficie. Tan fuerte es el latido en el interior de las aguas que su efecto arruga la piel del mar.

RusiaUcrania es una de esas arrugas. Ergo por ahí se viene el reflejo del conflicto de fondo: contienda económica. Está argumentación es ya clisé epistemológico.

Rusia aduce geopolítica militar: progresivamente está siendo rodeada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y, naturalmente, activa sus defensas. Invade y da la impresión de agresión. Pero es claro que, aun invadiendo el suelo de la tierra originaria de los zares, se defiende y previene su extinción. Ley natural: instinto de supervivencia. Lo que se ha encontrado en Ucrania apoyó su razón: expansión en sus fronteras de la OTAN, laboratorio de armas químicas, proyectos de desarrollo nuclear, aculturación fascista, etc.

El argumento de fondo está en lo profundo, pues, en lo arteramente soterrado: los países atacantes parecen atacados y disimulan su telón de fondo. Su razones: la supervivencia también. Europa es un continente quebrado y extenuado desde el punto de vista de la tenencia de riquezas minerales. El hombre aún no ha logrado la autonomía de otros materiales, aparte del suyo propio, para vivir. Requiere de otros entes o cosas para proclamar porvenir. El hombre mismo por dentro es un conglomerado de “extrañas” bacterias que le dan vida.

Europa necesita el petróleo y el gas ruso. La guerra que viene, en fin, podría llamarse la guerra del petróleo. La guerra del fin del mundo es por materia energética. Europa, junto a su adalid estadounidense, preparaba en lo oscuro un ataque a Rusia por asfixia. Mientras más la rodearan a la calladita, en su momento, la asfixiarían más efectivamente. Como el plan fue abortado por los rusos con su ataque a Ucrania, entonces algo del plan original europeos y estadounidenses ejecutaron: las sanciones. Las sanciones para asfixiar y obligar. Tirones del esquema original.

Europa sin Rusia está quebrada, desnuda ahora en sus intenciones. Necesita la bacteria rusa para sobrevivir. Se muere sin la riqueza de las estepas. Con el plan a largo plazo ucraniano desbaratado, los rusos le cortaron el petróleo y el gas, y el continente viejo está sumido en la era preindustrial del carbón, anémica, ha poco sin luz. Alemania, ¡quién lo diría!, cocina a leña, en fogones de sus plantas carboneras. En breve, en la medida en que se intensifique la carestía, Europa emulará a los holandeses, que empezaron a beberse sus propios meados en cerveza: procesarán sus propias heces alimentarias. Durante la segunda guerra mundial se comieron el cuero de sus correas pantaloniles.

Lo más desalentador del continente de los países del “primer mundo” es que a la degeneración biológica planteada se apareja la mental: no despiertan, no ven la garra estadounidense que la utiliza para su mercantilismo. Los gringos le generan una crisis, los llevan a una guerra y logran, de paso, venderles aquello de lo que se han privado al enemistarse con Rusia.